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sábado, 14 de octubre de 2017

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Un Vigilante de Seguridad desarma a un hombre en el interior del tren de cercanías en Málaga

El suceso ocurrió el pasado miércoles cuando el tren de cercanías iba en dirección Fuengirola lleno de personas
“Una persona se encontraba en el interior de uno de los vagones en una actitud rara”, -cuenta a www.elcasomalaga.com un testigo del suceso-.  En un momento determinado del trayecto pasó el Vigilante de Seguridad que normalmente hace la ronda en el interior del tren, percatándose de la presencia de este individuo y advirtiendo que este portaba un arma blanca, concretamente un cuchillo. Ambos empezaron a hablar, requiriéndole el Vigilante que le diese el arma que tenia oculta, momento en el que el individuo sacó el cuchillo con actitud amenazadora, con el tren totalmente lleno de personas y fue el tenso instante  en el que el vigilante de seguridad se lanzó sobre el individuo, produciéndose un forcejeo entre ambos hasta que lo consiguió desarmar e inmovilizar, ante el estupor y perplejidad  de los usuarios del Cercanías, que aplaudieron la actuación del profesional de la seguridad.
 
Sindicato Profesional Vigilantes

SPV CADIZ
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viernes, 13 de octubre de 2017

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¿La pausa del bocadillo se considera tiempo de trabajo?

Los tribunales han tenido que clarificar en diferentes sentencias qué actividades habituales en el día a día de cualquier empleo se consideran tiempo efectivo de trabajo en el cómputo de una jornada laboral.
 
"La duración de la jornada de trabajo será la pactada en los convenios colectivos o contratos de trabajo". Así se expresa el Estatuto de los Trabajadores, que repasa también todas las particularidades relacionadas con los descansos mínimos legales y el tiempo efectivo de trabajo. Precisamente este último punto es uno de los que más polémica generan entre los representantes de los trabajadores y las empresas, disputas que, en ocasiones, acaban llegando a los tribunales.
En este sentido, el Tribunal Supremo ha sido uno de los últimos en pronunciarse sobre qué actividades cuentan para el cómputo del tiempo efectivo de trabajo, algo fundamental para no sobrepasar el máximo legal. Se trata de la conocida como pausa para el bocadillo, que queda a discreción de la empresa. Así, si una compañía cambia de criterio y decide no contar ese descanso dentro de la jornada efectiva laboral, no se produce una modificación sustancial de las condiciones de trabajo. En estos casos, el Alto Tribunal entiende que simplemente la dirección de la compañía debe realizar una adaptación de la distribución de la jornada anual para que los trabajadores no sobrepasen lo pactado en los convenios colectivos o los contratos ni tampoco el máximo que marca la ley.
Sin embargo, la pausa para el bocadillo no es el único caso que ha llegado a las más altas instancias jurisprudenciales. También el Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea tuvo que pronunciarse sobre si los desplazamientos desde el domicilio de un trabajador hasta el primer o último cliente cuando no se cuenta con un centro de trabajo fijo se considera tiempo efectivo o no. El tribunal fue claro y aseguró que estos viajes no pueden ser achacados al tiempo de descanso de un empleado.

Tomarse un pincho sólo durante el descanso

Algo tan habitual como parar a media mañana para tomarse un aperitivo y coger así fuerzas para el resto de la jornada laboral ha llegado al Tribunal Supremo (TS). Así, la sala de lo social dictaminó en una sentencia del pasado mes de agosto que dejar de considerar la pausa para el bocadillo como tiempo efectivo de trabajo no supone una modificación sustancial de las condiciones de trabajo.
Con esta decisión, el Alto Tribunal, que estima el recurso de casación para la unificación de doctrina y revoca la sentencia previa del Tribunal Superior de Justicia de Comunitad Valenciana, respaldó el cambio unilateral que hizo una empresa en el calendario laboral, ya que la recomendación del convenio colectivo de que 7,5 minutos de los 15 de descanso contasen como tiempo de trabajo no era una condición más beneficiosa.
La sentencia del TS explica que, como consecuencia del cambio de consideración de ese tiempo de descanso, la empresa tiene que realizar una adaptación de la distribución de la jornada anual para que se hagan las horas de trabajo efectivo. "Dicha adaptación entra dentro del poder de dirección del empresario, que ha fijado en 228,12 los días de trabajo, en lugar de los 224,5 que se trabajaban hasta el año 2014", aclara el fallo.

Llegar hasta un cliente cuenta

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminó en septiembre de 2015 que los desplazamientos que realiza un empleado que no tiene asignado un centro de trabajo fijo entre su domicilio y el primer o último cliente de la jornada debe ser computado por su empresa como tiempo efectivo de trabajo, y no como de descanso.
Según la sentencia del Alto Tribunal europeo, los trabajadores que se encuentren en esta situación están ejerciendo su actividad durante todo el tiempo que tienen que invertir en esos desplazamientos, ya que precisamente ese tiempo es "instrumento necesario para ejecutar prestaciones técnicas" en los centros a los que se están trasladando. Y es que en el caso enjuiciado, pero extrapolable a otros, los empleados debían incluso desplazarse más de 100 kilómetros y hasta tres horas para cumplir con sus obligaciones cuando la empresa decidió cerrar sus oficinas provinciales y adscribir a todos sus empleados a las oficinas centrales.

Desplazamientos en los cuadrantes

El Tribunal Supremo (TS), en sentencia de febrero de este año, ha confirmado que el tiempo que tarda un trabajador en ir de un cliente a otro debe ser considerado como tiempo efectivo de trabajo. Es más, el Alto Tribunal insiste en que los desplazamientos deben ser recogidos en los cuadrantes y partes de trabajo, así como cualquier incidencia que ocurra en ellos.
El fallo del TS determina que un cómputo más detallado "incidiría en la duración de la jornada pactada y en las posibles extralimitaciones que, de existir constancia en el parte de trabajo y en los cuadrantes, permite conocer tales datos con objetividad y de forma previa a que se suscite cualquier conflicto entre empresa y trabajador". Por este motivo, la sentencia subraya "la necesidad de documentar en forma precisa en partes y cuadrantes no sólo el tiempo previsto y dedicación al usuario, sino también el tiempo estimado a lo largo de la jornada en la necesidad de desplazamientos".

Trabajando en los días de libre disposición

Si el convenio colectivo no lo especifica, los días de libre disposición no computan como tiempo de trabajo efectivo, aunque sean retribuidos. Así lo ha determinado la sala de lo social del Tribunal Supremo (TS) en una sentencia del pasado mes de junio, que indica que resulta contrario a derecho atribuir a los permisos por asuntos propios la condición de tiempo de trabajo efectivo, puesto que, para ello, debe existir alguna previsión expresa en el convenio correspondiente sobre el carácter de los mismos.
El fallo, que confirma la sentencia de la sala de lo social del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, insiste en que es clave para valorar si computan o no dos aspectos: por un lado, que sea posible hallar un elemento que permita atribuir a los días de permiso por asuntos propios la condición de tiempo de trabajo efectivo en el convenio colectivo y, por el otro, que se contemplen medidas de ajuste que faciliten apreciar la voluntad negociada de su integración en la jornada establecida, lo que implicaría que su disfrute no influya en el cumplimiento del número fijado de horas de trabajo. "De existir semejantes previsiones no se albergaría duda alguna acerca del carácter no recuperable del permiso por asuntos propios", subraya la sentencia del TS.
 
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Despiden a una trabajadora por faltar el día de su desahucio

Tras la última reforma laboral, las empresas pueden echar a los empleados aunque sus ausencias estén justificadas El grupo Konecta tiene otro conflicto laboral pendiente con 150 trabajadores de Torrelavega, Cantabria. UGT recuerda que el año pasado una empleada enferma de neumonía murió tras pedir el alta médica voluntaria por miedo a perder el empleo
 
Amaya Muñoz tiene 31 años. En septiembre perdió su casa del barrio madrileño de Valdezarza. La desahuciaron por no poder hacer frente al alquiler. Y el viernes perdió su trabajo por haber faltado aquel día en el que la echaron a la calle con sus bártulos. Aunque sus ausencias estaban justificadas, la empresa de telemarketing Konecta, en la que llevaba contratada desde julio, le explicó que la despedían de todas formas. Y que lo hacían con el aval de la última reforma laboral, que considera un "despido objetivo" el que se produce porque el empleado acumula nueve faltas justificadas en dos meses.
"Me avisaron de que el desahucio sería el 11 de septiembre. Ya había logrado aplazarlo una vez, pero la cosa no pintaba bien. Y pedí el día libre para acudir a mi propio desalojo. Les dejé claro que era un asunto de índole judicial y que mi falta estaría justificada. Pero mi jefa me respondió que ya era mayorcita y que tenía que asumir mis responsabilidades", cuenta Amaya. Al final, "a regañadientes", en la empresa accedieron a un cambio de turno. Pero todo fue peor de lo que la joven había imaginado. Decenas de personas se acercaron para intentar evitar el desalojo, pero un amplio operativo policial ayudó a fraguar el desahucio. "A las siete de la mañana han llegado una barbaridad de furgonetas de la UIP. Serían unas 15. Han cortado algunas calles, han tomado prácticamente todo el barrio para evitar el acceso de otros compañeros que pudiesen unirse durante la mañana. Los agentes venían con el ariete, los mazos... Estaban preparados para tirar la puerta abajo", explicaba entonces Álvaro Gómez, miembro de la asamblea popular de Tetuán.
Tras el episodio, Amaya "muy afectada psicológicamente", según relataban los presentes, no fue a trabajar. "El médico me dio unos días de baja para recuperarme. Y eso no gustó en la empresa", reconoce. Alojada temporalmente en casa de amigos, se reincorporó a su puesto con el apoyo explícito de sus compañeros, pero no de la dirección. "Mi jefa me dijo que me había visto en la tele, como si lo hubiese hecho adrede. Parecía que se estaba mofando de mí", asegura. A partir de allí, todo fue más o menos normal. Hasta el viernes. Media hora antes de que acabara su turno, a las tres de la tarde, la llamaron desde el departamento de Recursos Humanos. "Creí que íbamos a hablar del turno extra que me había ofrecido a hacer al día siguiente". Y se acercó contenta y segura por su rendimiento laboral: "Ese mismo viernes había vendido dos pólizas", apunta.
 
Pero en la reunión la responsable de personal le comunicó que la echaban por sus faltas al trabajo. También se había ausentado otros dos días por un brote de gastroenteritis que afectó a varios empleados. "Ella me recalcaba la del 11 de septiembre, el día de mi desahucio. Y yo insistía que todas estaban justificadas. Pero me respondió que con la reforma laboral podían hacerlo igualmente", lamenta. Sus planes ahora son demandar a su empresa, para exigirle "readmisión o despido improcedente". Aunque la primera opción sea la que menos le gusta: "No me gustaría volver a trabajar en esta empresa por lo que me han hecho. Pero tengo que intentarlo todo". La campaña para pedir la readmisión de Amaya Muñoz incluye el envío de mensajes a la página oficial de Facebook del grupo Konecta y a su cuenta de Twitter. Además, mañana a las 19.00 está convocada una concentración frente a la sede de la compañía, en Tres Cantos.
Una empresa con más problemas A pesar de los reiterados intentos de recabar la versión de la empresa, no ha habido respuesta de momento. Konecta tiene otro gran conflicto laboral en cartera, que afecta en este caso a 150 trabajadores de la ex firma Golden Line, en Torrelavega, Cantabria. De hecho esta semana un juez debía decidir sobre la suerte de estos empleados, a los que el grupo empresarial, cuyo socio mayoritario es el banco Santander, ha propuesto trasladar a Valladolid y aplicarles una bajada salarial, pero el juicio se ha aplazado. "A mucha gente le dicen que o reduce su jornada y, por tanto, su sueldo o se van a la calle", asegura Santiago Alonso, secretario de Organización de la Coordinadora Estatal de Telemarketing de CGT.
 
No es la primera vez que Konecta usa el absentismo laboral como causa para despedir a empleados: CGT señala que la empresa ha llevado a cabo muchos despidos procedentes basados en bajas, incluso justificadas. El año pasado, una empleada de la empresa que padecía una grave neumonía, murió tras darse de alta voluntariamente por miedo al despido. Según CGT, unas semanas antes, uno de los jefes había mencionado la posibilidad de despedir por bajas laborales. En el caso de Amaya, denuncian que Konecta la instó a coger dos días de baja en octubre que ahora le contabilizan para su despido. "En octubre faltó los días 11 y el 17, tenía que ir al médico. Nuestro convenio recoge 35 horas al año para ir al médico en forma de permisos retribuidos. Sin embargo, la empresa le dijo que no le valía el justificante médico y que pidiera la baja esos días. Ya estaban detrás de despedirla", explica Santiago Alonso.
El Grupo Konecta se describe en su página web como líder en servicios integrales de outsourcing y contact center desde 1999. En 2012, según sus datos, facturó 307 millones de euros (295 más que en 2000), y tenía el año pasado 15.286 trabajadores. Desde la entrada en vigor de la reforma laboral basta con que un empleado falte nueve días hábiles al trabajo de forma intermitente en dos meses consecutivos, y aunque sea por causas justificadas, para que pueda ser despedido con la mínima indemnización de 20 días por año trabajado con un máximo de 12 mensualidades. También se pueden quedar sin empleo por las mismas razones si falta "el 25% de los días hábiles en cuatro meses discontinuos dentro de un periodo de 12 meses". Así consta en el artículo 18 del real decreto, que es prácticamente igual que el que existía en la anterior reforma. Sin embargo, una diferencia aparentemente sutil da mayor libertad de despido a las empresas. En la versión publicada en el BOE el 11 de febrero de 2012 se elimina la frase: "siempre que el índice total de absentismo de la plantilla del centro de trabajo supere el 2,5% en los mismos periodos de tiempo". La eliminación de la referencia colectiva convierte esta causa de despido en una responsabilidad exclusivamente individual. Los sindicatos aseguraron en su momento que esta disposición atenta contra el derecho a la salud de los trabajadores.

 
Sindicato Profesional Vigilantes

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miércoles, 11 de octubre de 2017

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CEUTA: El Hospital Militar, sin seguridad después de que todos los vigilantes hayan solicitado la baja médica

El colectivo lleva meses protestando por su situación laboral.
La Comandancia ha recibido un escrito procedente del Hospital Militar en el que solicitan refuerzos militares para cubrir las bajas. 
 
El Hospital Militar vuelve a estar sin seguridad. Los 15 vigilantes que prestan su servicio a través de la empresa privada Marsegur se han dado de baja médica. El colectivo lleva meses protestando por su situación laboral. Los trabajadores afectados denuncian el incumplimiento del convenio colectivo por parte de Marsegur, así como impago de salarios y fraude a la Seguridad Social.
 
Las concentraciones se han repetido en varios puntos de la ciudad pero sus reivindicaciones han caído en saco roto. Hace unos días los vigilantes de seguridad secundaban una huelga a nivel nacional y continuaban la protesta un par de días más a nivel local. Durante ese periodo el Hospital abrió sus puertas sin vigilancia. Marsegur en vez de buscar soluciones al problema se limitó a cambiar el nombre de la empresa, por lo que a partir de ahora los afectados continúan en las mismas circunstancias pero dirigidos por "Novo Segur". La plantilla, que lleva meses sin percibir su salario, ha decidido darse de baja médica. Por tanto, desde el sábado el Hospital Militar vuelve a estar sin seguridad.
 
 
Sindicato Profesional Vigilantes

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martes, 10 de octubre de 2017

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La historia de un año de negociación de convenio, que nos está dejando tan congelados, como lo está nuestro sueldo

14 actas y 10 meses de reuniones para llegar a una conclusión, que es la que tienen la mayoría de trabajadores del sector: La negociación del convenio colectivo sectorial de la seguridad privada se ha convertido en un bucle sin fin, con temas, propuestas y asuntos que entran y salen de la palestra de la mesa negociadora, sin llegar a ningún fin, y sin fraguar ningún acuerdo que echarnos a la boca. Es la decepcionante historia de un año de negociación que nos está dejando tan congelado, como lo está nuestro sueldo. 
Ya a estas alturas, a pocos le quedan dudas de que el actual estado de la negociación no es una mera casualidad. Ya al comienzo de la negociación, nosotros ya dábamos cuentas de las serias dudas que nos surgían sobre el devenir de las negociaciones (VER AQUÍ) Estamos donde estamos porque así se ha previsto desde el principio, con una frialdad calculada por los que cortan el bacalao en la mesa de negociación... Este año no hay subida porque no toca. Y así, con ese eje trasversal, se está pasado el año entero, con reuniones llenas de frases hechas, de tiras y afloja, con una literatura técnica y experta, que sabe de sobra como hacer para rellenar de paja actas y actas, para no llegar a nada. Sin embargo, nadie nos puede acusar de ponerle palos a las ruedas de una supuesta negociación, porque cuando las centrales sindicales representadas en la mesa negociadora se han animado a salir a la calle, allí han contado con nuestro apoyo (VER AQUÍ) Hubo un momento, allá por el acta 12, que parecía que la ruptura era ya un hecho inevitable, pero rápidamente fue reconducido por la patronal llamando a retomar el dialogo, ese dialogo de sordos tan característico de la mesa del convenio sectorial, donde cada uno habla de lo suyo sin moverse un ápice de sus criterios.
El capítulo 14 de este convenio, nos habla de un desencuentro de partes que, a pesar que no querer moverse cada uno de su postura, tampoco termina por romper relaciones, en un estudiado equilibrio tan frágil pero tan consolidado, que así pueden tirarse otro año más en el mismo plan, con un quiero y no quiero que ya no convence a nadie. Entre lineas, nos hablan de una mesa de empleabilidad, y de otra mesa pero esta con el gobierno, la que llama "la tripartita". Nos hablan también de jubilación anticipada pero a la vez de congelación de la antigüedad y del problema del envejecimiento de las plantillas. Reiteran posiciones, hacen valoraciones, lanzan puyas al oponente, llaman a la concreción de propuestas y a la reflexión serena, añaden asuntos a la agenda, etc... todo un juego dialéctico y escénico que no lleva a nada porque en nada se avanza, por lo menos a los ojos del común de los trabajadores. Al final, si nada extraordinario y fuera de lo normal ocurre, este especie de "sanedrín de la seguridad privada" que conforma la mesa de negociación del convenio colectivo, llegarán a completar el año 2017 con veinte actas y la casilla de subida salarial en cero, que de eso es de lo que se trata. Un año en blanco, y al otro una pírrica subida de algo más de un punto. Y la parte social a vendernos que han logrado de nuevo salvar al sector, porque teníamos perdida la antigüedad y los complementos de IT y ellos ha conseguido... quedarnos como estamos ¡TODO UN LOGRO!

DEPENDE DE NOSOTROS, de todos nosotros, acabar con este sinsentido que venimos sufriendo desde tanto años, romper en un futuro no muy lejano este circulo tan cerrado y tan perjudicial para los asalariados como es la actual composición de representación. Ojalá el espíritu del Prat, esos locos revelados contra el rodillo de lo establecido, que pusieron en pleno verano en jaque a la patronal, a las grandes centrales sindicales e incluso al mismo gobierno, llegue a calar hasta los huesos en la seguridad privada. Ojalá este proyecto de esperanza y lucha que significa para muchos La Plataforma Social aunando a los principales sindicatos profesionales del país, llegue a consolidarse para plantarle cara a los males de nuestra profesión y al actual Status Quo que tanto interesa no modificar, ni a los patronos, ni a los que siempre nos representan.

La historia de un año de negociación tirado a la basura solo se soluciona cambiando lo que no funciona, renovando a los interlocutores, poniendo en entredicho ese sistema tan falso de representatividad, que están taponando de forma tan descarada que haya avances sociales en el sector.
 
Sindicato Profesional Vigilantes

SPV CADIZ
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Historias y anécdotas del día a día del trabajo de los vigilantes de seguridad

Maldiciones gitanas, lluvias de huevos y otras historias de los vigilantes privados
Algunos guardias de seguridad, un sector permanentemente insultado y amenazado, cuentan las cosas más raras que les han pasado a lo vigilantes de seguridad en el ejercicio de su trabajo
 
Ariel lleva uno de esos uniformes color caqui que identifican a muchos vigilantes de seguridad. Está sentado en su garita, en una urbanización de Alcobendas, Madrid. Tiene 40 años, un acento más bien indefinible, y lleva más de 15 trabajando en el sector. Así que le han pasado bastantes cosas. De las más raras, la lluvia de huevos de chocolate "y de los de verdad" que le cayó el pasado 1 de noviembre por no dejar pasar a unos adolescentes disfrazados a las casas que vigila. Amenazas de muerte, “miles”. Insultos, “casi todos los días”. También intentos de robo, pero eso ya son palabras mayores y los guardias tienen firmados contratos de confidencialidad, por lo que son bastante parcos a la hora de dar pormenores.
“Yo, cuando me amenazan de muerte, les digo que se pongan a la cola, que tengo más lista de espera que la Seguridad Social”, comenta otro profesional en el foro de vigilantes, donde varios de ellos cuentan anécdotas muy singulares. “A mí me han echado maldiciones gitanastambién, de esas de que se te caigan los ojos y esas cosas”, precisa Ariel, a quien le falta una de las piezas dentales delanteras, aunque no precisa si fue por algo que tuvo que ver con su trabajo. Las amenazas "y las discusiones más o menos agresivas" son cosas "del día a día".
 
Yo tenía que vigilar que nadie pasara de una línea en un sitio vacío, pero al otro lado no había nada ni ningún peligro “Estando tantos días en el mismo sitio, donde pasa mucha gente, hay miles de anécdotas que contar”, asegura Alberto García, portavoz del Sindicato de Vigilantes de Seguridad Privada. Así, se pueden escuchar testimonios como el aquel guarda a quien le encomendaron “un servicio en un sitio vacío con una línea en medio". "No podía dejar a la gente que pasase al otro lado de la raya, aunque no hubiera ningún peligro ni nada al otro lado. Es lo más chorras que he tenido que hacer”.
 
Otro asegura que dedicó sus esfuerzos a sacar a un gatito de un conducto de aire acondicionado, para lo cual, además de llamar a los bomberos, tuvo que desactivar varias funciones de la nave que observaba. También de desactivar va la anécdota de otro profesional que trabajó en una caja de ahorros donde su auxiliar no sabía desactivar las alarmas, así que sonaban todo el rato cada vez que se acercaba a algunos puntos de la sucursal: “Me llamaban todo el rato de incidencias para preguntarme que qué pasaba y aquello hacía un ruido de mil demonios cada dos por tres”.
 
Arcos detectores Los vigilantes de arcos detectores tienen un sinfín de recuerdos 'curiosos'. Desde aquellos que se han topado con gente que no sabe por qué razón pita hasta aquellos a quienes se les "descubre lo que era en un registro más a fondo” (refiriéndose a objetos, como vibradores, que llevaban metidos en partes ocultas del cuerpo) o aquel que después de notar el pitido le pidió a la persona que se vaciase los bolsillos y el interpelado sacó un revolver. José, que así se llama el vigilante al que le tocó el caso, se alarmó, pero quien portaba el arma se rio y le explicó que era un abogado amenazado por ETA y que tenía el permiso en regla para entrar a los tribunales con el arma.
Empezamos a buscar a los intrusos como si fuéramos los geos. Al final, encañonamos a la encargada de la limpieza Precisamente de armas también va lo más curioso que recuerda otro miembro del foro de vigilantes. Los llamaron porque parecía que alguien había entrado en el edificio que vigilaban y él y dos compañeros desenfundaron los revólveres y empezaron a buscar a los intrusos “como si fuéramos los geos”. Al final, encañonaron a una mujer con bata que resultó ser la encargada de la limpieza nocturna. Los del control no se habían percatado de que los 'allanadores' eran los empleados que entraban todos los días a esa hora.
Otra situación curiosa que suelen referir los profesionales es la de no dejar pasar a un señor “que luego resulta ser el nuevo director de la sucursal”. Generalmente, el 'señor' se pone hecho una furia y al vigilante le cae un buen rapapolvo, aunque él no esté más que cumpliendo con su trabajo. Los insultos y los menosprecios, también de otros empleados, son las cosas “que más nos molestan”, según explica García, que cree que hay un estereotipo que viene de antiguo por el que se equipara vigilante “a gorila macarra de discoteca, y eso no es verdad desde hace ya mucho tiempo. Se nos exige una titulación”. El sindicalista recuerda también que la ley que regula su trabajo emana de Interior y que son una parte "muy importante" de las estructuras de seguridad del país.
Precisamente sobre 'gorilas de discoteca' versa la experiencia de otro participante en el foro, que recuerda cómo les contrataron para una celebración en una sala de fiestas muy de moda para dar apariencia de legalidad mientras “en realidad eran unos armarios búlgaros los que se encargaban de echar a la gente y de todo lo que en teoría teníamos que hacer nosotros, que estuvimos allí mirando mano sobre mano toda la noche”.
 
 
Sindicato Profesional Vigilantes

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